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marzo 2010

........Entrevista / Mariana Baggio

Vinculada a la música desde niña, con sólo dieciocho años participó en los shows en vivo de Ruidos y ruiditos. Pero fue a través de sus composiciones para sus propios discos Barcos y mariposas y Barcos y mariposas 2, que se convirtió en una de las figuras más renovadoras de la música para chicos en los últimos años.
A seis años de su última producción, Mariana Baggio, la mamá de Lucía y de Manuel, la nada ortodoxa docente de iniciación musical, la chica viajera de la sonrisa amplia, vuelve al ruedo con Barcos y mariposas 3.
Ritmos latinoamericanos, arreglos originales, letras que invitan a jugar, mucha creatividad y una permanente búsqueda de la excelencia, son los ingredientes de su marca registrada.

por Marisa Rojas
fotos Nicolás Levin

Una lluviosa tarde de verano, Mariana Baggio abre las puertas de su colorida casa en el barrio de Palermo. Convida café recién preparado (“colombiano, me lo trajeron unos amigos”) y con amplia sonrisa, sentada a la mesa de la cocina, se apresta para la charla. Conocemos sus discos, Barcos y mariposas y Barcos y Mariposas 2, sabemos de su participación en Ruidos y ruiditos, y la reconocemos como una de las figuras más renovadoras de la música infantil de los últimos tiempos. Pero, ¿cómo fue que Mariana Baggio, por formación flautista especializada en jazz, ingresó al mundo de la música para chicos?
“Yo hice música desde siempre, porque siempre escuché música. De niña escuchaba Ruidos y ruiditos y a los Pro Música de Rosario, pero también lo que escuchaban mis padres. Mis papás siempre me cantaron mucho, lo mismo mi abuela... me parece que eso me marcó un montón. En Inglaterra, donde nos fuimos en el ‘76, conocí la flauta dulce, y cuando volvimos a Buenos Aires, un par de años después, entré al Collegium Musicum donde pasé muchos años de mi infancia. Adoraba ir al Collegium, me pasaba horas y horas ahí. Dábamos conciertos, yo tocaba la flauta y cantaba. En los tiempos del secundario entré a la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Y un poco más adelante, cuando me recibí, empecé a viajar por Latinoamérica. Eso fue muy rico también para mi relación con la música. Con mi marido (el también músico Gabriel Spiller) fuimos a Colombia, a Brasil, a Cuba, a Chile, a Uruguay. Éramos muy jovencitos y siempre íbamos con la oreja bien parada: nos encantaba escuchar cosas de todas partes y nos trajimos muchos discos de esos viajes. En todo ese recorrido, la música infantil estuvo siempre, no es que hubo un corte o un cambio para mí. De niña, yo escuchaba música para niños y cuando fui un poco más grande, empecé a hacer música para niños”, cuenta.

Tu primera vinculación profesional con la música infantil fue la participación en Ruidos y ruiditos.
Sí. Era re-chica, tenía 18 años. Fue fantástico. Llegué allí por medio de Renata Schneider, una amiga mía que es una súper música y es la hija de la directora de Ruidos…, quien me había escuchado cantar una vez en un barcito, mientras tomábamos un café. Ese espectáculo en vivo fue de las primeras cosas que hubo acá un poco distintas, diferentes, de lo habitual. Lo recuerdo como una experiencia hermosa. Allí conocí a Silvia Altman, que ahora es una amiga del alma, además de educadora musical y musicoterapeuta, y en lo personal un referente de opinión muy importante. Ese trabajo fue crucial porque significó pasar de ser oyente de la música para niños, a hacer música para los niños.

¿En qué momento de ese hacer música para chicos decidiste que era el momento de un proyecto como Barcos…?
Cuando terminé la escuela de Avellaneda me agarró como una preocupación existencial de no saber si me iba a llenar ser una flautista jazzera. Es un esfuerzo enorme ese instrumento, es muy difícil el género e implica meterse en algo bastante lineal. Pero mi cabeza y mi forma de sentir las cosas no es tan lineal. No tengo paciencia para estar cuatro horas estudiando un instrumento, mi forma es mucho más abierta. De chica tocaba un poco de charango, un poco de guitarra, un poco de flauta, un poquito de xilofón, cualquier cosa que me daban. Siempre me atrapó lo más abarcativo. Y empecé a sentir que tenía que encontrar alguna forma de juntar todo eso, porque al final lo que me definía no era ni el ser una excelente cantante, ni una excelente compositora, ni una excelente flautista. Y me pareció que podía hacer algo personal que me gustara, que me llenara más y que me hiciera más feliz. Y eso fue lo que pasó con Barcos y mariposas. Cuando salió el primero de los discos, yo sentí que era algo muy mío, muy Mariana Baggio, muy lúdico, muy tímbrico, con mucho humor, cosas que permite el laburo con los pibes.

¿Y por qué el nombre? ¿Cuál es el sentido de estos Barcos y mariposas?
Barcos y mariposas es un nombre que tiene mucho que ver con lo de los viajes por Latinoamérica. Porque en ese tiempo viajamos mucho en barcos, porque anduvimos por muchos mares, en Cuba, en Colombia. Y ‘mariposas’ eran otras de las cosas que me impactaban de los viajes por esos países. Me acuerdo de unas mariposas azules en Colombia, preciosas. El nombre de la propuesta es una síntesis de una época.

Una época que cuenta hoy su tercer capítulo...
Sí. Una época con distintas partes. Porque el segundo disco fue un segundo del primero, y el tercero es un tercero del primero y también está relacionado con el segundo. Hay una continuidad, hay una línea, y hay también una evolución. Los discos son una propuesta conjunta pero son, igualmente, todos distintos. En Barcos… 3 todas las canciones son mías, y son canciones de esta etapa de mi vida, empecé a hacer el disco embarazada, lo continué con mi niño a upa y lo terminé con él gateando, tocando todo.

¿Cómo es el trabajo de una compositora de música infantil con niños alrededor? ¿En qué cambia el ser mamá al momento de escribir canciones para chicos?
Bueno, cambia mucho componer sin hijos que con hijos. En el último disco tuvo mucho que ver Lucía, mi niña mayor. De hecho, la voz de Lucía aparece en el disco, es una de las brujitas, las otras dos son sus amigas María y Catalina, todas voces que hoy son parte de mi vida cotidiana. Cuando les canté a ellas la canción de los Brujos hechiceros se re-coparon, yo las iba a buscar al jardín y las tenía a las tres en casa, en el patio, donde se la pasaban jugando con harina a hacer hechizos mágicos. Y eso es parte del mundo cotidiano de Mariana mamá que se traslada naturalmente al mundo de Mariana compositora. Ahora ya no escribo letras en el colectivo, no porque haya dejado de viajar en colectivo, sino porque ahora es menos casual la composición. Me pongo a trabajar, a componer, a pensar qué quiero decir. Cuando hice el primer disco yo estaba más pendiente de si iba a gustar o no, me preguntaba mucho sobre qué camino estaba recorriendo, con el tiempo me fui despojando de eso. A medida que fue pasando el segundo disco y más aún ahora con el tercero, fui quedándome más con mis deseos, con mis gustos.

¿Y cómo funciona esto del gusto y los intereses personales al momento de escribir letras de canciones para chicos?
La palabra es muy importante en todo esto: la palabra y la música acompañando a la palabra, que no se disocien, que no compitan, que no se tapen la una a la otra, que ambas jueguen a lo mismo. Pero esto para mí debería ser siempre así, si hiciera música que no fuera para chicos encararía la composición de la misma forma.

¿Hay temas o ritmos vedados en la música para chicos? ¿Existen temas tabú, como sucede a veces en el teatro o en la literatura?
Para mí no hay temáticas que estén vedadas. En lo personal no me reprimiría nada, pero es cierto que por ahí hay cosas que no me salen. Como tampoco me sale cantar para niños como si yo misma fuera un niña, yo canto canciones para chicos como la adulta que soy.

¿Cuál es tu mirada sobre el estado, y el recorrido, de la música infantil, una década después de haber grabado tu primer disco?
Han pasado cosas buenísimas. Está creciendo. Cada vez hay más gente que hace cosas lindas. Hay también un importante movimiento internacional, son innegables los aportes de la movida de la canción infantil latinoamericana. Es súper enriquecedor, sobre todo lo que sucede en Brasil y en Colombia. Por ejemplo, el Dúo Roda Piao y el grupo Palavra Cantada, los dos de Brasil, son una marca, nos marcan a todos en la región. Y es re-lindo el intercambio. Me gusta lo que nos sucede.

“Barcos y mariposas es algo muy mío, muy lúdico, muy tímbrico,
con mucho humor, cosas que permite el laburo con los pibes.”


3 mariposas en barco

Después de casi seis años de su anterior CD, a fines de 2009 Mariana Baggio terminó de grabar su tercer disco, Barcos y Mariposas 3. Se trata del resultado de casi dos años de muy intenso trabajo. De componer letras y melodías, de probar sonidos, de hacer arreglos, de compartir, cantante y productor, muchas horas de pruebas en la computadora. “Es una modalidad de laburo bastante particular. Porque Barcos… no es un grupo. El disco lo armo yo con el productor y con Gabriel, mi marido, que además se encarga de la percusión. Entre los tres vamos laburando con la compu, imaginándonos cómo podría llegar a sonar eso, tocado por músicos y bien grabado. Recién cuando están armados los arreglos convocamos a los músicos para grabar. Vamos grabando cada uno por separado, y después es mucho trabajo de edición el que sigue”, explica Mariana.

¿Cómo imaginás que va a ser recibido este nuevo disco?
Ya lo poquito que me devolvieron fue tremendo, me impactó de verdad. El año pasado, justito cuando estaban terminando las clases, salió el disco y yo le regalé uno a cada uno de mis alumnos, porque ellos son parte de lo que pasó en la producción de ese disco y me encanta mostrárselos. Y fue una lluvia de e-mails y de agradecimientos lo que vino después. ¡Entre una clase y la otra los nenes se sabían el disco de memoria! Fue muy fuerte lo que pasó. Hice la experiencia de ponerlo durante la clase, casi sin consignas, y veía a los chicos jugar con las canciones, era precioso lo que pasaba. Los temas te sumergen en un mundo lúdico que tiene realmente que ver con ellos, por eso me parece que es un disco que tiene llegada.


“Que música y palabra no se disocien, que no compitan, que
juegen a lo mismo. Eso está en la base de mis composiciones.”

 

Planeta Baggio

Mariana Baggio es música, flautista por elección, se especializó en jazz en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Docente especialista en iniciación musical, en sus talleres con niños de entre 4 y 11 años de edad, trabaja lúdicamente. Siguiendo sus propias palabras, “la Baggio hace música para chicos, aunque no sea esa el área musical en que se formó porque no existe el área de música para chicos”. Egresada de la EMP, Mariana dejó todo, la flauta, el jazz, y se dedicó… a seguir haciendo música, como lo había hecho desde muy chiquita, cuando a los cuatro años de edad se fue con sus papás a vivir un tiempo a Inglaterra; tiempo en que aprendió a tocar flauta dulce y pasó muchas tardes de sábado cantando en un coro al que iba con su familia. En el ‘90, con dieciocho años, Mariana fue la voz en vivo de Ruidos y ruiditos. En el 2000 editó su primer disco, Barcos y mariposas, al que en 2004 seguiría Barcos y mariposas 2, en ambos casos, con producción musical de Martín Telechanski y la participación de Gabriel Spiller, compañero de vida de Mariana. Recientemente, editó Barcos y mariposas 3, con producción de Andrés Rubinsztejn, la participación de Gabriel y otros músicos como Alejandro Ridilenir, Diego Pojomovsky, Pablo Green, el mismo Telechanski y el Trío Luminar, entre otros.

Más info: www.barcosymariposas.com.ar

 

 

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